Era distinto, amaba la libertad y se había ocupado de que todos lo supieran. Lo malo fue cuando lo juzgaron por ello, porque eran los demás los que decidirían si aquella diferencia merecía ser aceptada o no. Al decir que era culpable su cuerpo se elevó, en un intento de escapar, y alguien gritó que lo atraparan con una voz rota por la desesperación. No faltaron los que volaron tras él, también podían, esos eran los que ocultaban las diferencias tras el odio a sí mismos.

 

8969531951_fa18df0125_c[1]

Anuncios