Tranquilízate, lo dije. No hace falta que me lo repitas, lo admito, te dije: “Te quiero”. Fue una manera de expresar un sentimiento, no una firma ante de Lucifer de un contrato con sangre arterial de mi femoral.  ¿Que nunca te amé? ¿Por qué dices eso? Lo que ahora no sienta, no quita sobre lo que sentí en el pasado, fui sincero, puedes creer que era amor. ¿El tuyo es para siempre? Me alegro por ti. No, no soy chusma rastrera y traidora. ¿Puedes dejar de decir eso? El amor no tiene por qué durar para siempre, ¿acaso algo lo hace? Me voy, no aguanto que me sigas gritando. No me vas a matar, sabes que no.

 

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