Imaginar el fin de los tiempos no es una labor complicada, llevamos jugando a eso desde que tenemos uso de razón. Los libros más antiguos de todas las civilizaciones ya lo hacían hace milenios, por lo que no debe sorprender que en el siglo XXI sigamos volviendo a lo mismo, aunque con menos ángeles trompeteros y sin jinetes con espadas de fuego que acabarán el trabajo empezado por dioses de diversa índole.

Arrancar una novela de un género inexplorado es complicado. La ciencia ficción homosexual en español no tiene muchos precedentes fuera de las traducciones del inglés, pero ello no me disuade ofrecer mi grano de arena a la normalización en cualquier ámbito, incluso en el literario, si así lo siento. Te ofrezco entrar en una historia tan inverosímil como apasionante desde Chueca, en el corazón de Madrid, hasta la otra punta de la Vía Láctea. Una nueva raza con su propio orden que tendrás que descubrir a la vez que lo hizo el protagonista de la novela. Aunque si así lo deseas, tendrás una ventaja sobre él: un pequeño diccionario que quizás te cuente más de lo que desees saber. Así que cuidado con los spoilers, estás avisado si decides usarlo.

Desde un verano más, junto al asfalto recalentado, unos amigos que cenan como cualquier noche de su vida de aventuras y desventuras, ajenos a lo que se acerca, aunque sigamos escribiendo y sabremos qué nos depara la historia de Baldo.

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